Hitos del mestizaje guayaquileño.

Hitos del mestizaje guayaquileño

A lo largo de la colonia mulatos, zambos y mestizos tanto en su división étnica como social, lo dejan de ser la población mayoritaria del corregimiento y posterior gobernación militar de Guayaquil. Exceptuando los partidos de Machala, mayoritariamente poblado por nativos o indígenas serranos y Portoviejo y Santa Elena con su población autóctona. Los cuales, junto a los africanos aparecen definidos en los empadronamientos como esclavos de varios colores.

Este encasillamiento tan general, nos hace ver que la condición de esclavos no solo se aplicaba a los negros. Los tres grupos étnicos que constituyeron la sociedad guayaquileña y costeña, relacionados estrechamente a lo largo de trescientos años no podían menos que producir una mezcla racial, que hoy se manifiesta claramente en el mestizaje predominante. Durante la colonia, los mulatos y zambos eran clasificados como pardos, los cuales dentro de los esclavos eran menos numerosos que los negros.El nativo litoralense, dentro del concierto colonial, a cambio de su autonomía mantuvo una relación de cooperación con el español. Con tal fin, adoptó su lengua y vestuario, pero se constituyó en cacicazgos que eran territorios de frontera, es decir, que las leyes españolas no los alcanzaba. Por estas razones, obtener su concurso para el trabajo era punto menos que imposible, ni siquiera remunerado, peor una servidumbre forzada.

La consecuencia de esta situación tan especial dentro de la colonia, fue la de una constante escasez de brazos para todas las labores, especialmente agrícolas. Situación que forzó la importación de esclavos africanos, los cuales a principios del siglo XVII sumaban de 350 a 400 individuos en toda la provincia, pero, concentrados mayoritariamente en Guayaquil y Portoviejo.

Esta cifra relativamente baja de brazos para la agricultura, se debía a que los destinaban al servicio doméstico o trabajos artesanales de cuyas utilidades en dinero disfrutaba el amo. Además, era una cuestión de estatus social, ya que tener muchos esclavos al servicio particular era un símbolo externo de riqueza. Limitación que condujo a los hacendados de Guayaquil, a solicitar de la Real Hacienda la importación anual de 300 a 400 negros, para ser repartidos en los campos. El precio de venta lo determinaba la corpulencia del individuo, sus condiciones de salud, dentadura, buen ánimo, etc. Suma a la cual se
agregaba gastos de alimentación y vestimenta invertida previo a la transacción. Además, la cifra total, era pagadera a largos y cómodos plazos.

Los censos y otros datos generales levantados referidos a la población de la provincia colonial de Guayaquil soninexactos. El difícil acceso a las áreas pobladas, las grandes distancias de una provincia tan extensa. Los obstáculos naturales que ofrecía la red hidrográfica del Guayas, se sumaban a la inercia burocrática e inexperiencia de los encargados de censar, lo cual generaba grandes vacíos en la información.

Sin embargo, hay referencias generales que proporcionan una aproximación. Partiendo del cataclismo demográfico que significó el encuentro de dos civilizaciones, conquistadores y conquistados, que diezmó en cifras de espanto a la población nativa. Encontramos que hay un extenso periodo de estancamiento poblacional general, que inicia su final con un  crecimiento continuo a lo largo del siglo XVIII, motivado por el gran incremento de la producción cacaotera. En la década de 1730, Guayaquil tenía cerca de 6.000 habitantes. El censo realizado en 1765 por el primer gobernador de Guayaquil, Juan Antonio Zelaya, arroja la cifra de 5.214 que constituye un descenso muy significativo.



Hitos del mestizaje guayaquileño.

Es probable que se debió al impacto causado en la ciudad por el “fuego grande” ocurrido el 10 de noviembre del año anterior. Durante el cual la ciudad fue asolada: 151 edificios importantes entre públicos y privados, y otras tantas viviendas quedaron reducidos a ceniza, obligando a numerosas personas a huir los campos y haciendas.

Aquellos que se refugiaron en las pocas casas que se salvaron del incendio, produjeron tal hacinamiento e insalubridad que acarreó frecuentes enfermedades y epidemias. Según
testimonio del ingeniero Francisco de Requena, se asegura que:

a todos los vecinos les consta que no hubo en esta ciudad año más epidémico que en el que se quemó, pues no se hallará otra razón sino la de que unidas en pocos domicilio muchas personas, conforme fueron enfermando algunas, comunicaron a las inmediatas los mismos insectos o efluvios agentes de los males.

Como consecuencia de esta situación, continuó produciéndose bajas en la población por lo menos hasta 1772, al punto que las defunciones anuales se calculanentre las 400 a 500 personas.

Sin embargo, en 1774, debido al empedrado de sus calles, drenaje de pantanos, el avance en las actividades comerciales que la convierten en emporio de riqueza, Guayaquil, paulatinamente adquiere un ambiente más sano y se orienta como una ciudad colonial moderna. Este era el tiempo por el que el mismo Requena había vaticinado que “si prosigue aumentándose esta ciudad por algunos años como hasta aquí, será en poco tiempo una de las más populosas de la América”.

En los primeros ocho años de la década de 1780, la ciudad inicia su recuperación habitacional, unas 140 casas fueron reconstruidas, las cuales representan casi el mismo número de las desaparecidas por el incendio. Como consecuencia de lo cual se produje un
importante repunte poblacional. La década siguiente residían en la ciudad 1.861 personas más que en ladécada anterior.

En el segundo tercio del siglo XVIII hubo en la provincia una verdadera explosión demográfica, no como consecuencia de la importación de esclavos, segmento que quedó al margen, pues, apenas unos 600 estaban centrados en labores agrícolas o en la industria maderera. Lo que verdaderamente motiva este espectacular crecimiento poblacional, es la migración serrana de blancos, mestizos e indígenas. Auge que proporcionó a la provincia los braceros necesarios para su gran desarrollo agrícola.

Estos inmigrantes internos provenientes de una serranía en grave crisis económica, literalmente se volcaron masivamente a las plantaciones cacaoteras. Vinieron atraídos por la gran actividad lucrativa que generaba la producción y exportación de la “pepa de oro”, que lespermitía percibir jornales en dinero y no en especies como se los mantenía en la Sierra.

En ese momento la importación de africanos es casi nula, pues a los hacendados costeños resultaba más barato emplear la mano de obra serrana que la esclava, la cual, además de ser más barata de mantener era más eficiente. Esta especie de estampida, causó grandes problemas en la Sierra, la cual se empezó a quedar sin brazos para el trabajo. Pese a las prohibiciones, las constantes y severas sanciones aplicadas a quienes abandonaban los predios interandinos, y la cacería de fugitivos ejercida en muchos lugares, no impidieron que mestizos e indígenas conciertos bajaran a la Costa en busca de un trabajo remunerado.
El gran incremento de habitantes que tuvo la provincia de Guayaquil se concentró en los campos y poblacionesrurales. No ocurrió lo mismo en la ciudad, que a juzgar por su reducido número de habitantes continuaba siendo un pueblo.

Cuando llega el final del siglo XVIII, concretamente a partir de 1795, el número de pobladores urbanos sufre una gran modificación. Por ese año se calculaba que la ciudad tenía entre los nueve y diez mil habitantes, número que apenas dos años más tarde, fue largamente superado. Es cuando el Cabildo asegura haber más de doce mil, que la ponía en la categoría de la ciudad más poblada de la Audiencia. Al iniciarse el siglo XIX la migración serrana descrita, y otra procedente del norte del Perú habían solucionado el problema de la escasez de trabajadores en los campos guayaquileños.

La dinámica economía basada en la producción agrícola y maderas exportables, y en la propia estructura de la población, con la preponderancia numérica de las castas o mezclas raciales, llegaron a configurar una sociedad más abierta, menos jerarquizada y dotada de un mayor grado de movilidad social que la existente en lugares de otros tipos de economía, poblados mayoritariamente por indígenas: por ejemplo, la Sierra centro norte con su economía cerrada.

Sólo en una sociedad tan abierta como la costeña fue posible que mulatos y mestizos pudiesen prosperar tanto en su economía personal y socialmente, al punto, que muchos llegaron a figurar entre los vecinos importantes de la ciudad. Guayaquil, históricamente se ha caracterizado por su apertura hacia todos los habitantes del Ecuador, y es precisamente por esta razón que le podemos aplicar el título de ciudad nacional, pues constituye un verdadero crisol de la ecuatorianidad.

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