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José Antonio Gómez Iturralde
LA ESTRUCTURA DEL CABILDO COLONIAL DE GUAYAQUIL
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El crecimiento de la ciudad, y su importancia económica, lo obligó también a asumir su planeamiento y ornato. Construcción de puentes, calzadas, abastos de agua, reparación de edificios, etc.

Esta participación tan directa en la vida ciudadana, le dio gran poder al Ayuntamiento. Al punto que la Corona, para reducirlo, impuso la obligatoriedad de; en resoluciones de importancia, los beneficiarios debían solicitar una “Real Confirmación”, la cual, naturalmente, no estaba exenta de tasas especiales para el sostenimiento de los reyes.

En el primer tomo de las actas del Cabildo guayaquileño que recoge entre 1634-1639, editados por el Archivo Histórico del Guayas, en la página 32, consta el primer libro de cabildos. Todos los anteriores se perdieron en el incendio ocurrido en 1632-1633.

El primer documento contiene el nombramiento de Lorenzo de Bances de León, como “Escribano Público, Minas y Registros de la Ciudad de Santiago de Guayaquil”, otorgado el 16 de junio de 1634 por el doctor Antonio de Morga, octavo presidente de la Audiencia de Quito.

Para alcanzar dicho cargo, Bances, debió viajar a esa ciudad y pagar los derechos por media anata, ante Fernando Laínez, contador Juez Oficial de la Real Hacienda de su Majestad. En el documento que debió extender, da

“fe que Lorenzo Bances de León, Escribano Público y Cabildo, Minas y Registros de la Ciudad de Santiago de Guayaquil, pagó en esta Real Caja de su Majestad el derecho de media anata del dicho oficio (…) ciento treinta y tres pesos de a ocho y tres reales”.

También está registrado que, el 24 de julio de 1534, víspera de la fiesta del Apóstol Santiago Patrón de Santiago de Guayaquil, el Cabildo en pleno resolvió cumplir con las formalidades de tal celebración y acordó que

“hoy es víspera del Bienaventurado Apóstol Santiago, cuya fiesta es notoria y parece que el Real Estandarte se saque, como es uso y costumbre para hacer la fiesta, y sea puesto en las casas del Cabildo con la veneración debida y para que el Alférez Real lo lleve y se lo entregue es necesario hacer el pleito homenaje y juramento debido”.

El Cabildo era responsable del manejo e incremento de los ingresos públicos de la ciudad, su distribución en la obra pública, de la entrega de la parte que debía recibir la Corona, etc.

En cumplimiento de esta práctica, el 29 de diciembre de ese año, el Cabildo se reunió para considerar y decidir sobre una carta del

“señor Don Joan de Valdez y Llano, Comisario General de la Media Anata de esta provincia, en que ordena y manda se cobre veinte ducados (…) sobre el despacho que esta ciudad pretende de que salga navío de permiso para México con frutos de la tierra de esta ciudad (…) y que los tres de ellos se remitan a los Reinos de España y los diez y siete restantes queden, por vía de depósito en la Real Caja”.

Es evidente que el 29 de diciembre de 1634, era viernes, pues al finalizar la sesión del Cabildo, la última de aquel año, el Procurador General, dijo:

“por cuanto el lunes que viene es día de año nuevo y para que en semejante día no se haga embarazo a la elección, se trate ahora lo que hubiere de hacer y el despidiente de causas, y así se hizo; con lo cual se acabó este Cabildo, y lo firmaron de sus nombres”.

Los municipios estaban obligados a renovarse cada 1 de enero. Así tenemos que ese día de 1635, el Cabildo eligió alcaldes y Procurador General:

“En la muy noble y leal ciudad de Santiago de Guayaquil del Pirú, en primero días del mes de enero del año del nacimiento de Nuestro Redentor, que se cuentan mil seiscientos y treinta y cinco años, se juntaron a Cabildo, como lo han de uso y costumbre, para elegir alcaldes”.

Es muy interesante todo el proceso del ceremonial protocolario, utilizado para elegir a estos funcionarios. Los votos se depositaban en un cántaro de barro, que un niño circulaba por cada elector y los extraía para su cuenta.

Una de las tantas veces que debió producirse un empate en la elección de alcalde de primer voto, el acta refiere que el Escribano registra en el documento:

“y se regularon los votos por tener más el General Joseffe de Castro, el Maestro de Campo Toribio de Castro Guzmán, vecinos encomenderos; que parece tuvo el dicho General siete votos y el dicho Toribio de Castro siete, entraron como tales vecinos en suertes y se metieron en el cántaro”.

Pero esto no fue todo, pues los aspirantes a alcalde de segundo voto también empataron en número:

“Y asimismo, se halló que el Maestre de Campo Antonio de Salinas tuvo siete votos y el Capitán Diego de Mestanza, otros siete, por lo cual entraron en suertes en dicho cántaro”.

Y en ambos casos, “se llamó a un niño nombrado Tomás Solís, de edad de seis años, y habiéndolos meneado dentro del dicho cántaro, se sacó un papelito…”.El nombre de la persona escrito en el voto que el niño extrajo del ánfora, resultó elegido. La elección de Procurador General, sin empates, recayó sobre Don Bernabé Lozano.

En aquel día asistieron los doce regidores de Guayaquil, pues el que faltaba a esta sesión tan importante, era sancionado.

Primer Cabildo Republicano presidido por J.J. Olmedo el 9 de Octubre de 1820
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