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| José Antonio Gómez Iturralde |
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La fundación de Guayaquil y su permanencia en el tiempo a partir del
25 de julio de 1547 |
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Navegantes veleros prehispánicos |
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Nuestra historia
no comienza con la conquista hispana,
aunque así se ha querido que la veamos. |
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Lo nuestro, el espíritu autonomista que nos identifica
empieza mucho antes. En nuestro extenso y
fértil territorio costeño habían culturas, religiones, señoríos,
cacicazgos, organización política, acciones guerreras,
activo y extenso intercambio. Navegación fluvial y comercio
activo. Los manteño-huancavilcas únicos navegantes
veleros de América, recorrían en balsas hasta el Perú por el
sur y hacia el norte hasta Acapulco (México) navegando por
la ruta de Galápagos grandes distancias en mar abierto en la
práctica de un activo comercio.
El célebre navegante y piloto de la conquista del Perú
Bartolomé Ruiz, en su segundo viaje recibió de Pizarro la orden
de explorar las costas en busca de alimentos y agua.
Mientras navegaba frente a la bahía de San Mateo avistó una
vela en el horizonte. Sorprendido, pues sabía que ninguna otra
expedición se había hecho a la mar antes que él, enrumbó su
embarcación hacia esta con el ánimo de abordarla. Mas, se encontró
con una balsa oceánica puneño-manteño-huancavilca
que navegaba rumbo al norte. Ruiz, en su bitácora, registra detalladamente su
encuentro con la embarcación, sus tripulantes y lo que en ella
se transportaba: |
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“traían muchas
piezas de plata y oro
para el adorno de sus
personas, para hacer
trueque con ellas con
quien iban a contratar,
que intervenían coronas
y diademas y cintos y
pañetes y armaduras,
coraza de piernas y petos
y tenacelas y cascabeles
(…) tazas y otras vasijas
para beber (…) traían
muchas mantas de lana
y de algodón y camisas
y aljujas y alcaceres
y aleremes y otras
muchas ropas todo
los más bello muy
labrado de labores
muy ricas, de
colores de grana y
carmesí y azul y
amarillo”. |
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Joyas Manteño-Huancavilcas. |
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También hace referencia a la organización religiosa y
administrativa de cuatro pueblos que conformaban el señorío
de Salangome, situado en el actual puerto de Salango y la isla
del mismo nombre. En esta crónica, el conquistador se refiere
a un adoratorio: |
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“Hay una isla en el mar junto a los pueblos donde
tienen una casa de oración hecha a manera de tienda de
campo, toldada de muy ricas mantas labradas a do tienen una
imagen de una mujer con un niño en los brazos (…) tienen
muchas herramientas de cobre e otros metales con que labran
sus heredades y sacan oro (…) tienen los pueblos muy bien
trazados de sus calles, tienen muchos géneros de hortalizas y
tienen mucha orden y justicia”. |
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Con lo que el piloto
Ruiz se dio de manos a boca,
no fue solo una balsa cargada
de piezas de oro, tejidos,
vasijas, etc. Ni con un señorío
indígena costeño, con religión,
organización política,
organización urbana y trabajo
colectivo. Sino con un sistema
de comercio autónomo que
nos ha marcado a lo largo del
tiempo.
Esta actividad y actitud
frente a la vida permitió
la dispersión de información
y tecnología entre los antiguos americanos de la costa
del Pacífico. Redes de comercio
originadas entre nuestros
hombres y territorio, que
constituyen nuestro ancestro.
Todo ello centrado en la
costa ecuatoriana originó un
desarrollo socioeconómico
distinto de otros pueblos que
se iniciaban en las serranías
andinas. Actividad comercial que integró un territorio político y
cultural afín, formado desde el litoral colombiano sur y norte
peruano. Y por supuesto, de ésta nació la confederación de
mercaderes costeños formada por manteños, huancavilcas,
punáes, chonos y tumbesinos.
Jorge Marcos Pino, sostiene que el comercio funcionaba
a base de un elemento de cobre clasificado como “hachas
monedas”. Éstas, “acumuladas como hachas ceremoniales
se las transformaba en valor de uso, y con el tiempo, y la
introducción del cobre, se mantuvo la forma de hacha para
representar un valor de cambio o moneda”. |
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| Hachas monedas |
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Los traficantes de abalorios, tejidos, etc., que ya hemos
descrito, comerciaban también con la concha de origen marino,
exclusivamente costeño. El cual, aureolado de propiedades
sobrenaturales y religiosas, circuló abundantemente desde
el norte chileno hasta las costas de México y a lo largo de la
región interandina. Este fue un molusco llamado Spondylus, que entonces
crecía en torno a la Isla de la Plata, frente a la costa de Manabí,
entre los 20 y 60 metros de profundidad, cuya concha fue difundida
y utilizada como pieza de intercambio simple. Y una
vez reputada con valores y símbolos divinos, la utilizaban en
ceremonias para clamar por lluvias, cosechas, aliviar males,
etc. |
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A partir de entonces la demanda fue tan grande, que se
agotó en los depósitos de la Isla de la Plata y debieron ampliar
su zona de pesca a otras latitudes. Centro América y México,
resultaron ser los nuevos yacimientos que empezaron a explotar.
Hecho confirmado por investigaciones arqueológicas
que permitieron hallar en esas costas, anclas marinas que solo
nuestros navegantes primitivos utilizaban para sus faenas de
buceo.
Uno de aquellos asentamientos, utilizado como cabeza de
playa para las operaciones prehispánicas de buceo del Spondylus,
en la actualidad es un pueblo de indígenas pescadores
mexicanos, cuyo dialecto es totalmente diferente a los dominantes
en ese país. Entre los cuales, la tradición oral sostiene
que su raza “vino del mar de la tierra siempre verde”(Robert
C. West, “Aboriginal sea navigation between midle and So.
America”. American Antropologist, Vol, 63, 1961, Págs. 133-
135). Condición de bosque tropical que identifica plenamente
a nuestras costas. Además, las anclas y los restos de aparejos
de pesca encontrados en ese lugar por el arqueólogo mexicano
José Beltrán, son exactamente los mismos que los descubiertos
en las excavaciones realizadas en Manta.
Las sociedades que habitaban en nuestro litoral, con éste
tráfico comercial de larga distancia, no solo ampliaron su riqueza
y soporte económico, que los llevó a un proceso de unificación
y expansión, sino que los condujo a una polarización
mercantil.
Formaciones sociales costeñas que se definieron por una
forma de reproducción que puso de relieve una vocación de
espacios abiertos, la cual en términos modernos podríamos
encasillarla como mercantil-liberal y globalizadora.
Ante este encausamiento, las sociedades interandinas se
orientaron hacia formas productivas vinculadas directamente
con los hombres del mar. Por eso decimos que la conquista
española no fue la génesis de nuestro mundo costeño. Su aborigen,
ya era navegante, mercader, emprendedor, con vinculaciones
río-mar, de mentalidad abierta como su horizonte. |
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