En este primer asentamiento quedaron cuarenta españoles que Benalcázar dejó a cargo de los alcaldes ordinarios Antonio de Rojas y Diego de Daza. Poco después continuó su ascenso a Quito, donde llegó y convocó el cabildo del 28 de diciembre de 1535... “que desde la dichas provincias de la Culata e la Puná, el dicho capitán Sebastián de Benalcázar, con la gente que tenía después de pacificadas las dichas tierras e poblada la dicha ciudad, se volvió a esta villa de San Francisco de Quito, e desde aquí hizo apartar mucha gente que consigo traía para ir a dar socorro con ella al capitán Juan de Ampudia que era ido a descubrir las tierras e provincias de Quillasinga”.²² Al comenzar el año 1536, los aguerridos chonos rechazaron con violentos ataques a la población española de Santiago, destruyeron el poblado y acabaron con la vida de un número cercano a la mitad de los vecinos. Diego Daza, con unos pocos soldados, subió a Quito para pedir auxilios. Pero al cabo de 40 días de lucha debieron abandonar la ciudad. Francisco Pizarro encomendó su reconstrucción a Hernando Zaera quien en 1536 la mudó al sitio llamado Yagual, apenas iniciado el reparto de solares debió trasladarse al Perú a socorrer a Pizarro que se hallaba sitiado por los restos del ejército incaico. Dejando a Rodrigo Vargas de Guzmánencargado como Justicia Mayor. Ante el abandono de Zaera, Pizarro encomendó la reubicación de la ciudad y su reconstrucción a Francisco de Orellana, a la sazón radicado en Puerto Viejo, quien en 1537 la asentó en la comarca de la Culata. Al poco tiempo Orellana volvió a Puerto Viejo para viajar a Lima, dejando la ciudad a cargo de Juan Porcel como Alcalde. En el segundo semestre de 1538, Orellana volvió como Teniente de Gobernador de Santiago de la Culata y en el último trimestre de ese año la reconstruyó en dicho asiento. Poco tiempo después logró que Pizarro lo designase también Teniente de Gobernador de Puerto Viejo, donde expolió a los indígenas, hasta 1541 había reunido 40.000 pesos con que pagó a Gonzalo Pizarro su participación en la aventura amazónica. La gran cantidad de vecinos que acompañó a Orellana en esta empresa, dejó a Santiago desprotegida, por lo cual, los belicosos chonos aliados con los punáes le pusieron sitio a la ciudad. Luego de seis meses de lucha a muerte, en mayo de 1542 el Capitán Diego de Urbina, sucesor de Orellana como Teniente de Gobernador reunió el vecindario, abandonó la ciudad para refugiarse entre los huancavilcas “que son gente de paz”. Pero resultó no ser así, y después de una cruenta lucha, el 20 de septiembre de 1543, Urbina, nuevamente la estableció “donde ocho años antes había poblado la ciudad Sebastián de Benalcázar”,³³ desde entonces adquirió definitivamente el nombre de Santiago de Guayaquil y guayaquileños sus pobladores. De esta inestabilidad de la ciudad de Santiago, impedida de establecerse y desarrollarse, en 1541 se aprovechó el Cabildo de Quito para pedir a la corona que la villa de San Francisco fuese elevada a la categoría de ciudad, lo cual fue concedido ese año. Mientras ocurrían estos hechos, se había iniciado y desarrollado la guerra civil entre los Almagro y los Pizarro, y con el ánimo de defender y justificar las acciones de sus hermanos, Hernando Pizarro fue a España para presentarse ante el rey pero no volvió jamás. El 26 de junio de 1541 Francisco Pizarro cayó asesinado. En estas circunstancias, Gonzalo, el único sobreviviente de los Pizarro y de esta lucha civil, temeroso del castigo del rey, se alzó en armas contra el soberano español. En diciembre de 1544, ocupó militarmente Santiago de Guayaquil obligando al Cabildo de la ciudad a reconocerlo como Gobernador. En 1546, Miguel de Estacio es nombrado por Gonzalo Pizarro Teniente de Gobernador de la ciudad. |